Morir en la orilla

– Bajadme de aquíiiiiiiiii, quiero bajaaaaaaaaar.
Yo gritaba con todas mis fuerzas pero, claro, nadie me oía. Ni siquiera mis papis. Quería evitar que fracasaran en su aventura por mi culpa.
Perdonadme, que como no os he contado lo que pasó, es normal que no os enteréis de nada.
Ya sabéis que anoche no teníamos claro si seguiríamos o no, pero esta mañana papi ha hecho reunión familiar, como hacen los entrenadores de fútbol para dar la charla, y nos ha dicho:
– Estaría bueno que después de luchar todos estos días abandonemos ahora, es lo que se llama «morir en la orilla». Eso no podemos hacerlo, ¿no os parece?
Y claro, mi familia de muertos vivientes se han tomado las pastillas de colorines, se han echado todos la pomada mágica para caballos -unos más y otros menos- y se disponían a ponerse en ruta. Pero primero mami me ha bajado a la calle. Cuando ha subido, les ha dicho:
– Chicos, tenemos que abandonar. Yo, a Dido, le sigo viendo algo cojito y no le podemos obligar a caminar casi 29 km más hoy. Además, amenaza lluvia y la etapa es durilla según la guía.
Así que, con mucha pena, han recogido todo, y me han metido en la mochila para que no anduviera. Eso sí, me han hecho muchas fotos y se reían.

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Mami estaba dispuesta a llevarme toda la etapa en su mochila…en ese momento me he puesto a llorar y a moverme. Ellos, que me conocen y saben lo que me gusta estar tumbadito hecho una rosquita, se han parado.
– ¿Y a este qué le pasa?
Pues que no quería estropearles la aventura, y antes cojo que fastidiarles. Si ellos están tan cojos como yo o más, si lo que tengo son agujetas de esas. Además, no creo que me contaran la  etapa como válida si la hacía en la mochila de mami, no me gusta hacer trampas. Les he pedido que me bajen y me he puesto a andar.
– Oye, que parece que no cojea ahora, lo que quiere este es ir andando, no quiere mochila.
– Vale, pues hacemos una cosa: nos ponemos a andar, y si vemos que no va bien, buscamos un taxi.
– Me parece bien. Vamos.
A pesar de andar un poco molesto, la etapa de Belorado hasta Agés nos ha gustado bastante. Hemos seguido unos km después de San Juan de Ortega porque allí no encontraron alojamiento donde me admitieran y en Agés fue más sencillo. Entre pinares y cuestas, cruzando los montes de Oca, hemos pasado una etapa mucho más entretenida que en días anteriores,. Han comido morcilla (lo he olido perfectamente desde mi escondite) y yo lo de siempre, y hemos llegado contentos, cumpliendo el objetivo que teníamos.
Le diré a papi que os escriba y valore los alojamientos en los que me han admitido, por si os sirven de ayuda para el futuro. Igual os decidís a repetir mis aventuras con vuestros perretes 😉
¿Qué pensabais, que Dido se iba a rendir? Neverrrrrrrrrrrrrrr.
Gracias por seguir nuestras andanzas, esperamos vuestros comentarios.
Lametazos para tod@s

Motín a bordo

Cuando leáis estas líneas, ni siquiera nosotros sabremos si mañana salimos para hacer la última etapa, al menos si lo hacemos andando.

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La moral de la tropa anda algo baja…no hay más que vernos andar. Parecemos los muertos vivientes que aparecían en Thriller, el video de Michael Jackson. Os doy el parte de lesiones: papi salió de Madrid con una lumbalgia casi curada y lleva los 3 últimos días sufriendo bastante porque ha recaído. Y han sido 82 km andando con ese dolor. Mami está un poco aburrida. Como apenas vemos árboles, ni pájaros, el camino discurre muchos tramos paralelo a la carretera y pasamos por pocos pueblos, pues no le ve la gracia al tema. Este verano, cuando empezaron el Camino en Francia, no veía más que animales, pájaros, plantas, árboles, y maravillosos paisajes. Aquí vemos perros de vez en cuando, y ya os he contado en qué plan… Pablo dice que le duele «de la rodilla para abajo». Y Carlos dice que está bien, pero que le duele «todo en general» y los pies en particular. Incluso yo, que hasta hace pocos días mantenía el tipo, llevo «pidiendo la hora» en todos los finales de etapa. Como cada día dormimos en una casa nueva, cuando llegamos a un pueblo me intento colar en cualquier portal para poder dormirme y descansar, me vale cualquiera. Ah, y me han salido unos músculos nuevos en las piernas, y ando un poco cojo.

Menos mal que estamos comiendo bastante, demasiado diría yo. Aunque hacemos ejercicio, yo creo que los papis están más gordos, comen más de lo que gastan porque llegamos con mucha hambre. Pero también hay cosas buenas.
Ayer sí que el final de etapa mereció la pena, llegar a Santo Domingo de la Calzada, visitar su catedral a la hora de la misa mayor, con todos los coros, los hermanos de la Vera Cruz, es un lujo raro. Porque era Viernes Santo y coincidió con la hora del paseo. Y salíamos de Nájera, donde mami visitó Santa María la Real, una iglesia donde papi cantó hace muuuuchos años con un coro, igual que en Estella y en todas las iglesias que estamos viendo. Yo las veo desde mi escondite del bolso, aunque normalmente me tapan y no veo nada. Tampoco me importa mucho, si no hay comida de por medio, no es interesante para un perro.
Por lo menos hoy no ha llovido, porque las previsiones eran esas, pero sí que ha hecho bastante frío y no nos gusta a ninguno. Hemos llegado a Belorado sobre las 16 horas (ya sé leer la hora en el reloj de papi) y hemos comido en un bar porque dábamos bastante penita.
Mami ha dicho «qué bien, que solo queda un día de vacaciones». Tiene razón, yo descanso bastante más en la clínica, trabajando, que de vacaciones. Creo que vamos a necesitar una semana de vacaciones para recuperarnos de estas vacaciones.
Así que…hagan apuestas…¿quién piensa que mañana nos rendimos?, o ¿quién apuesta por nosotros? Porque yo no apuesto mucho ahora mismo…

El monólogo de Dido sobre el Camino

Ya me parecía a mí que esto no era normal, que la gente no anda 29 km porque sí. Lo hace para fastidiar al prójimo. Por más vueltas que le doy, no lo entiendo. Andar por andar, y ya está. Si no supiera andar, todavía lo entendería, necesitaría entrenamiento. Pero a los humanos hay que verlos: el que no lleva un brazo en cabestrillo, lleva una sandalia con una férula porque se ha torcido la trócola. Rodilleras llevan 2 de cada 3, bastones para andar (de madera o de montaña) casi todo el mundo. Realmente, gente que anda normal y no cojea, bien poca. Yo creo que es una competición de paralímpicos.
Es lo típico que uno le pregunta a otro que vuelve del Camino y le dice:
-Oye, ¿ qué tal la experiencia ?
Y el que ha vuelto cojo y dolorido, en lugar de decirle la verdad y contarle sus penas, se ve en la obligación de mentir para justificar su error, y le contesta:
-Bueno, bueno, bueno, una experiencia increíble. Creo que nadie debería morirse sin hacerlo. Estoy seguro que repetiré la experiencia más tarde o más temprano. Además, conoces mucha gente.
Claro que conoces gente. Pero seamos sinceros. ¿ A quién le gusta que le adelanten y le saluden, y que le digan «buen camino» ? Es como si te dicen: te estoy adelantandoooooo, inútil, fastidiateeeeeeeeee. Sí, tu esperas que, más tarde o más temprano, si es un ser humano, tendrá que parar a beber o a comer, y entonces….le pegas una pasada sacando fuerzas de donde no tienes para dedicarle tu mejor sonrisa y devolverle el «buen camino» de palabra y el «ahora te fastidias tú» en el pensamiento.
Mis papis me dicen que cada unos tiene sus motivaciones: para ellos, consiste en superar en familia, juntos, situaciones de esfuerzos físicos, contratiempos, dificultades varias, y que eso les hace más fuertes. Para otros, el motivo es religioso. Otras personas aprovechan el viaje para meditar sobre su vida, otros para conocer gente…pero como yo soy un perro, no entiendo nada.
A mí me gusta buscar topillos, o jugar con los pocos perros que me encuentro por el camino. La mayoría de los que veo están encerrados en pequeñas perreras al sol, ladrando todo el tiempo si se acerca alguien. Me asustan mucho porque les veo enfadados porque me acerco yo -que solo quiero jugar- pero, sobre todo, me ponen triste. Tiene que ser horrible estar encerrado todo el día en una jaula de 2 por 2, sin más compañía que tu vecino de la jaula de al lado, sin poder jugar ni correr. No entiendo por qué hacen esto algunos humanos.
El caso es que en la etapa de hoy, que ha empezado en Logroño y ha acabado en Nájera, me he aburrido mucho porque ha sido muy monótona. Solo hemos atravesado campos de vides, que da unos frutos para hacer el líquido ese que parece sangre, y poco más puedo contar. Bueno, sí, que estoy muy bien cuando me duermo encima de mis papis.

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Qué gustoooooo !

Ojalá mañana me encuentre más amiguitos en el camino. Me voy a dormir, que ya está bien para un perrito pequeño que tiene que andar mucho. Buenas noches a todos.

Baño y masaje en Logroño

Así ha terminado la jornada, porque los 29 km de camino desde Los Arcos hasta Logroño los hemos notado todos. Incluso yo, que suelo hacer varios km más que mi familia entre que voy y que vengo a ver si están todos, ya me entendéis. Por si acaso, hoy mi mami no me ha soltado nada en toda la jornada, para que no hiciera más de la cuenta. Menos mal, porque cuando hemos llegado a la casa nueva donde vive mucha gente me he hecho la rosquita y me he quedado frito.
Cuando me ha despertado mami me dolía cada punto del cuerpo donde me tocaba, así que mami ha dicho:
-Diiiiiiiiido, te toca baaaaaaño.
Por si no lo sabéis, ODIO el baño. No es que sea un guarro, pero como soy tan poquita cosa, mojadito desmerezco más y me da vergüenza.

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Mami ha insistido, yo no queria.

Y también me han dado una pastilla. Seguro que es una droga, que sea de perros al menos. Como me duele todo, espero que se me quite el dolor igual que hacen con los demás perritos y gatitos que vienen a la clínica. Pero es la primera pastilla que me dan, porque ellos se han dado definitivamente a las drogas. Además del linimento para caballos de color verde que se dan en los músculos, ahora también toman pastillas: que si esta blanquita y roja para papi para que no le sienten mal las otras. Que si esta ovalada para mami para los dolores. Que si papi se toma o no una para no sé qué gaitas…madre mía, creo que son traficantes, tienen hasta inyecciones, no sé si son para mí si me porto mal, o para ellos porque necesiten drogas más fuertes…
Lo que no os había contado es que he hecho muchos amigos en el camino. Algunos ya se saben mi nombre, o casi (me llaman Fido, Tito, y muchas cosas raras) y me acarician y animan a seguir. Como la mayor parte coincidimos en las etapas, nos vamos adelantando los unos a los otros cuando paramos a beber o a comer algo. Pero otros preguntan:
-Ay, el perrito, qué mono…¿ también está haciendo el camino ?
Pues claro que sí señora, parece usted tonta. ¿ No lo está viendo ? Ni que fuera en brazos, leñe. Para un ratito que fui ayer, y no me vió nadie, todo el mundo piensa que soy un flojucho. Que soy un perro, pequeño, pero un perro hecho y derecho. Comentarios así duelen, vaya si duelen. Lo que hay que aguantar…
Aunque para dolor, el que se tiene que haber hecho papi esta mañana en la habitación de la casa de ayer. Ellos dicen que está abuhardillada, pero lo que quiere decir es que tiene el techo bajo cuando te acercas a la pared. Ha ido a coger una mochila y…zasca, se ha dado una leche en la calvorota que pa qué.

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Pobre papi...

Claro, esas cosas a mí no me pasan, creo que nunca me daré con la cabeza en el techo 😉
Cuando volvamos a Madrid mami pondrá una foto del invento que ha hecho para llevarme atado, parezco un perro de Canicross de verdad (ojalá pudiera apuntarme al equipo, pero aunque tiro mucho, mami no lo nota). Ya lo veréis, ya.
Os dejo con una foto que me gusta mucho, encima de mi mami en un descanso.

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Así me encanta estar, más que andando todo el día.

Mañana volvemos con más aventuras, espero que buenas.

Dido y las procesionarias

Ayer estaba triste, pero hoy… ¡ casi me muero !
Si no fuera por el grito que ha pegado mami:
-¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ Nooooooooooo, Didooooooo, noooooooooo !!!!!!!!!!
Acto seguido, me ha cogido en brazos y le ha gritado a papi:
-Dame el aguaaaaaaa, rápidoooooooo.
Papi le ha dado una botella de agua y mami me la ha vaciado dentro de la boca limpiando la lengua. Yo no tenía ni idea de lo que pasaba, pero me he dejado hacer porque estaba muy asustado al ver así a mamá.
Lo único que había hecho yo es acercarme a ver unos bichitos muy monos que iban en fila, como de excursión, para ver si se podían comer o no.

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Y resulta que no se pueden comer. Papi me ha dicho que ya había escrito sobre el tema en el blog, y que son muy peligrosas. Se llaman procesionarias del pino, y resulta que en este bosque había 4 pinos y muuuuuuchas excursiones de bichitos de estos.
Menos mal que no he llegado a olerlos de cerca y a relamerme la trufa, porque habría perdido media lengua, al menos eso dice mami.
Al final, todo ha quedado en un susto muy gordo. Mami me ha llevado en brazos hasta que hemos salido del bosque, por si acaso me acercaba otra vez a ver a los bichitos. Lo peor de todo es que me he quedado sin olerlos y no sé a qué saben. Ya lo intentaré más adelante cuando no me vean los papis.
Se me ha olvidado decir-soy un perro, no puedo estar en todo- que hemos salido de Estella y nuestro destino es el pueblo de Los Arcos. Ambos en Navarra, pero acercándonos a La Rioja. Aquí hacen la bebida esa que parece sangre y que tanto gusta a mis papis cuando no trabajan.
La verdad es que me he levantado mal, con ganas de vomitar. Mami dice que seguro que es por las 2 patatas fritas que me dió ayer -qué exagerada es, ¿no ?- y papi que será por las almendras que les robé o por lo que he cogido del suelo de la gente torpe. Yo creo que es porque ayer cené muy pronto y tengo mucha hambre. Anda que no le he oído a papi decir muchas veces que la vesícula biliar (o algo así) se vacía si pasan demasiadas horas sin comer. Justo lo que me ha pasado a mí, ¿no os parece? Igual todos tenemos un poco de razón.
Y como siempre me gusta ir el primero, si Pablo y papi nos adelantan a mami y a mí, me pongo a tirar como un salvaje hasta que les alcanzo, y hago un ruido muy raro con la garganta. Mami lo llama tráquea, pero es la garganta, estoy seguro. Es porque el collar me aprieta cuando tiro mucho, no entiendo el mecanismo pero es así.
No os voy a contar qué hemos hecho después de andar los 22 km de hoy, porque os lo podéis imaginar: comer, comer, comer, y comer cosas ricas ellos, y yo mis bolas («así no te pasa lo de esta mañana, Dido»). Qué listos se creen…si a mí todo me gusta y me sienta bien 😉
Mientras los niños y yo descansábamos un rato, mis papis han ido a dar una vuelta por el pueblo, han visto la iglesia, y han comprado un líquido en la farmacia para quitarse lo rojo de la cara y el cuello, y de la calva de papá. Dice que la tiene como un cartón. Eso tampoco lo entiendo. Es que no he cumplido aún los 3 años, no lo sé todo.
Bueno, os dejo por si acaso me ponen de cenar otra vez. Les he oído decir que, a lo mejor, me ponen de comer 4 veces al día en lugar de 3, como estoy haciendo tanto ejercicio…deseadme suerte.

Medicina para caballos

Sí, como lo oyes, se han traído una medicina para caballos. Pero para ponérsela ellos. Lo oí en la clínica cuando hacían el pedido de las medicinas, que se lo pedían por si les dolía algún músculo. Por la forma de andar que tienen papi y mami creo que se van a poner esa medicina hoy mismo.
Después de los 25 km de ayer, han dicho que hoy eran un par de km menos. Menos mal, porque yo tengo un dolor en los muslos que ellos llaman agujetas. En cuanto nos hemos puesto en marcha se me ha pasado. Hemos cruzado un puente muy chulo y ha empezado la jornada.

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El principio ha sido horrible para ellos, les oia jadear, cuesta arriba todo el tiempo hasta que hemos hecho 3 km. Luego ha sido más normal, pero me he cansado hasta yo. Como tengo que ir todo el tiempo contando que estén todos, me agoto. Voy para adelante y cuento: 1,2…me faltan otros 2. Voy para atrás, y cuento: 3, 4. Vale, ya están todos. Pero se me escapan los de delante y tengo que comprobarlo, y así todo el tiempo. Podrían ir juntos, sería más fácil para mí.
Lo bueno es que hacía un airecito muy agradable y no había casi sol, y eso ayudaba bastante para no sudar tanto en las subidas. No habia casi sol hoy, pero tienen la cara (mami) y la calva (papi) rojas como los cangrejos. Claro, son unos urbanitas, y en cuanto salen de la clínica y les da el aire, pues eso, parecen unos guiris.
Hemos pasado por muchos pueblos, pero no me he quedado con los nombres porque eran difíciles de recordar. Papi dice que son: Mañeru, Cirauqui, Lorca, Villatuerta (de este sí que me acuerdo porque es donde hemos comido, y me han dado 2 patatas fritas) y hemos llegado a Estella.
Y al llegar a la casa de hoy se han puesto la medicina de caballos. Mami se la ponía a papi detrás de la rodilla y papi daba gritos. Me ha hecho mucha gracia, porque gritaba como un niño pequeño. Luego ha dejado de gritar, se han vestido después de darse una ducha y nos hemos ido a andar por el pueblo de Estella. Se han metido en un sitio para comer a las 20,30 h y hemos salido 2 horas más tarde. No hacían más que pedir platos de comida, y yo oliéndolo todo desde mi escondite del bolso. Antes de entrar en el bar me han puesto un abriguito para que esté calentito, y que no coja frío después de todo el día andando.
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Dicen que mañana es un poco más corta la etapa hasta Los Arcos, pero yo creo que lo hacen para no desanimarnos a los niños y a mí. La verdad es que no le veo la gracia a tanto paseo, solo piensan en comer cuando llegan, pero ¿qué pasa conmigo?
Estoy un poco triste, no tengo ganas de hacer bromas, a ver si mañana la cosa cambia…

El Camino de Santiago…y de Dido

Lo siento, pero ayer no pudimos contar nada porque llegamos muy tarde de pintxos por Pamplona. Pero empezemos por el principio, que es el viaje.
Era mi primera vez…en tren. Salimos corriendo de la clínica y mami me metió en el bolso donde me esconde cuando vamos a sitios donde no admiten perros. Aunque luego me he enterado que en la Renfe de cercanías sí que podemos ir, y que en el tren grande tenía mi propio billete. Papi dice que no le han cobrado nada por el viaje. Claro, como es veterinario, seguro que tiene «enchufe».

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Lo alucinante fue ver lo rápido que corren los árboles, porque nosotros estábamos quietos y era la naturaleza la que corría. En serio, el tren no se mueve, es algo muy extraño. Si no fuera por un niño que no paraba de gritar enfrente de nosotros, y que no me dieron nada de los bocatas ni mis papis ni los niños, el viaje fue perfecto. Pude dormir un ratito fuera del bolso con mami cuando me cansé de mirar por la ventana.
Y llegamos a Pamplona. Nos llevaron a una casa donde vive mucha gente que lo llaman hotel, pero en realidad es una habitación con un baño, y tiene 4 camas. Dejamos las mochilas y nos fuimos dando un paseo para ir a cenar. A cenar ellos, claro. A mi me dieron las bolas de todos los días («sí, Dido, que es muy sano, que es por tu bien» y tonterías así, pero me huele mucho mejor la comida que hacen mami y papi…) y nos fuimos a sitios donde había mucho ruido y olía a comida. Yo, escondidito en el bolso para que no me regañen.
Primero fueron/fuimos a un sitio llamado «El Gaucho», donde tomaban un agua de color oscura que parece sangre y comidas ricas que llaman tapas. Luego, a otro sitio que se llama «La mejillonera» y acabaron en «La mandarra de la Ramos». Yo no probé nada, pero ellos estaban contentos con lo que comieron en los tres sitios: lomo de foie, esturión, mejillones y calamares, y tosta de gulas y tortilla rellena. Solo de oir los nombres me entra hambre…
A la vuelta yo creo que los papis estaban un poco piripis, como no beben nunca y habían tomado el agua oscura, pues pasa lo que pasa, que decían más tonterías de lo normal. Pero no tenían que conducir, solo andar hasta la casa con mucha gente.
A mí me gustó mucho todo el paseo de ida y vuelta, y el olor de los bares, pero no los paseos por las calles porque había un grupo de chicos con tambores y cencerros que hacían mucho ruido y me asustaban, pero a la gente y a mi familia les gustaba, y mucha genta bailaba con ellos. No lo entiendo. Y ahora le dicto a papi lo de hoy, que no me apaño con el ordenador.

Etapa Pamplona-Puente la Reina

Nos hemos levantado tarde, pero a mi me parecía que era muy pronto porque habían cambiado la hora decían. No sé, yo tenía mucho sueño. Me han dado mi pienso de Royal Canin y han bajado para que yo vea cómo se toman un café y unos bollos. Muy fuerte, parece que lo hacen a posta. Aunque me quieren mucho, agradecería un pequeño gesto de vez en cuando, aparte de darme alguna chuche de perros. No sé, un filetito, arroz, pasta, cualquier cosa valdría. No os imagináis cómo huele lo que hacen en la máquina que calienta las sartenes y las ollas. Como no pongo cara de pena porque no pido nunca, pues claro, no me dan nada.
Y se han puesto las mochilas pequeñas (las 2 grandes se las han llevado al siguiente hotel, así cualquiera) y hemos empezado a andar. Yo creía que era el paseo largo de los Domingos, pero no me imaginaba que iba a ser tan largo. Al principio iba corriendo hacia delante con papi y Pablo, y luego me iba para atrás a buscar a mami y a Carlos, que estaban haciendo fotos (eso pasa siempre igual, se entretienen y tenemos que esperarles), pero me he dado cuenta que me cansaba un poco y he ido más tranquilo…hasta que me encontraba un perro y podía jugar con él. Incluso con los perros cuyo dueño decía «cuidado con este, que muerde». Como yo estoy castrado (no lo digo para presumir, es lo que hay) solo pienso en jugar y ni los machos ni las hembras me ven como una amenaza. Porque he ido suelto casi todo el camino, menos cuando mami me llamaba para atarme porque íbamos a cruzar una carretera o entrábamos en un pueblo. Hemos pasado por muchos: Cizur Menor, Zariquiegui, hemos subido una montaña que cansaba un poco (el Alto del Perdón, donde se han comido un sandwich y me han dado mi pienso), Uterga, Muruzábal, Eunate (había una iglesia románica muy chuli para mami, seguro que pone alguna foto algún día), Obanos, y hemos llegado a Puente la Reina.

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Me han dado de beber agua y ellos han tomado una bebida egipcia llamada cerveza y otra vez a comer cosas ricas… Hoy tampoco van a poder conducir. Nos hemos echado una siesta grande, muy tapaditos, y nos hemos bajado a cenar. Bueno, ya me entendéis, ELLOS han bajado a cenar y yo me he metido en el bolso. No os cuento lo que han cenado porque me da rabia. No es que no me guste mi pienso, pero estaréis conmigo que es un poco aburrido. Menos mal que la gente es muy torpe y he ido recogiendo todo lo que se les cae cuando comen en el camino, especialmente en la parada en lo alto de la montaña: kikos, cacachuetes, trozos de pan, había un botín para mí solito, jejejejeje.
Bueno, ya estoy un poco cansado de dictarle a papi, y él también parece que tiene ganas de acostarse, así que lo dejamos para mañana.
¿Váis a leer lo que voy a escribir?

Firmado: Dido.

También hay flores que no hablan

Eso me ha dicho Conchita. Definitivamente se ha insolado. Estoy acostumbrado a oírla hablar con los animales, vamos, que lo hago yo también, pero que las plantas le hablen…Pero hay algunas plantas, por más que las mira, que no le quieren decir nada. Pero una hoja, ayer, le contó su secreto. Se ocupa de hospedar a las gotitas del rocío de la mañana hasta que se dejan caer. Se lo ha tenido que contar porque una gotita, despistada ella, seguía durmiendo a las 11 de la mañana y Conchita la ha descubierto. La hoja no ha tenido más remedio que confesar…pero no os chiveis 🙂
También le ha dicho, sin que le oyera la gotita, que prefiere a las gotas pequeñas porque las grandes roncan mucho.

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Aunque lo espectacular ha sido, al llegar a Pamplona, ver la Plaza del Castillo y entrar a comer al Café Iruña, inaugurado en un1888. Un lugar único, buena comida y un servicio impecable. De los sitios más bonitos en los que he comido.

De la jornada de hoy, poco que comentar. Un paseo de 18 km y sin mucho que ver en el trayecto excepto que pasamos por el pueblo de Indurain, Villava. La sobremesa la hemos pasado visitando a fondo la Catedral de Santa María (2 horitas que se pasan volando) y la tarde callejeando por el centro de Pamplona.

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Y el helado de final de etapa (y de Camino, por este año) no podía faltar. Mañana volvemos a casa para organizar la vuelta al cole, a la clínica, poner lavadoras, hacer la compra, quedar con amigos…y no necesariamente en este orden 🙂 Y organizar las fotos y los vídeos para irlos colgando en el blog, para que opineis sobre el tema de Conchita y las plantas, por ejemplo.

El lunes a las 10 h estamos de vuelta con las pilas cargadas porque hemos entrenado un montón, no os parece ? Hasta pronto !

Curiosidad del día: hemos tocado la campana más grande -en uso- que hay en España, del Siglo XVI, en bronce, y que pesa 12 toneladas. Se usa pocas veces al año, en fechas muy señaladas, pero se oye a 15 km a la redonda…

A Pamplona hemos de ir, hoy no…mañana :-)

Otra vez Carlos.
– Papá, entonces, si para que te den la concha en Santiago lo de Francia no cuenta…para qué nos hemos ido tan lejos ? Sí sólo valen los sellos desder hoy !    – Ya, hijo, es que en las próximas vacaciones seguiremos donde lo hemos dejado, a ser posible en Semana Santa, porque en verano hace demasiado calor para hacer el Camino en España y, si no estás de acuerdo, fíjate qué día hace hoy. En cambio, en Francia nos ha hecho un tiempo magnífico para caminar.
– Y las etapas son más fáciles en España, o tienen muchas cuestas como en Francia ?
– Hoy lo veremos, Carlos, pero seguro que no son tan duras, alguna habrá pero no todas seguidas.

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Y cogimos nuestras mochilas, después de desayunar bien, hacia nuestro siguiente destino: Zubiri. Dejamos atrás Roncesvalles -y toda su historia- para adentrarnos en un bosque por un cómodo camino carretero que nos ha acompañado gran parte de la jornada. Algún trecho de subida y bajada con piedras, pero no muy largos. La mayor dificultad del día es completar, una vez más, tantos kilómetros. Hoy han sido 24, y es un reto tanto mental ( «qué carajo hago aquí andando bajo el sol, si no se me ha perdido nada») como físico, porque se acumula el cansancio en las piernas.

Pero lo hemos superado con nota. En las 5 horas y media que hemos necesitado para lograrlo, solo hemos parado para las fotos de Conchita, beber algo, y esperar en las bajadas a la fotógrafa para que no forzara la rodilla. Por cierto, Conchita le estaba haciendo una foto a una zarza que estaba retorcida y dice que la zarza le ha dicho:»me duele, ayúdame». Está claro que le está dando mucho el sol a la pobre. También le ha hecho fotos a un carnero de raza Latxa, ya veréis qué cuernos. Está raza se destina a producción de leche para hacer el famoso queso de Idiazabal.

Hoy si que hemos visto a muchos peregrinos por el camino, de todos los países. Creo que bastantes más extranjeros que españoles. Para los niños ha sido un estímulo, porque querían adelantarnos a todos. Ya les hemos dicho que no era ese el objetivo, pero en la subida más fuerte del día hemos pasado a unos 30. Luego no querían esperar a mamá porque entonces nos adelantaban ellos.

Por aquí la gente tiene un acento muy gracioso, Conchita se parte de risa. De cada 3 palabras, hay por lo menos un «hostia», con perdón. Pero muy buena gente y amable con todo el mundo.

Curiosidad del día: nada más empezar el día nos hemos cruzado con una pareja de franceses que llevaban un gato encima de la mochila, tan campante él, y nos hemos acordado de Nilo (Mínimo) porque era rubito como él.

Papá, si no llegamos, que sepas que te quiero

A mitad de la ascensión al puerto de Ibañeta, Pablo va y me suelta eso. Tantos días andando cuesta arriba acaban pasando factura incluso al más fuerte, porque Pablo es el que va siempre delante. Me lo ha dicho en un momento que hemos parado para tomar aire, beber un trago de agua, y esperar a la fotógrafa y a Carlitos, que también le está cogiendo el gusto a la cámara. Lo ha dicho en broma y me ha hecho gracia, pero habla mucho de la fuerza de los niños, de su capacidad de sufrimiento y de la fe en conseguir las metas propuestas.

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Dicho esto, hacer esta etapa desde St. Jean con una mochila de 10 kg en un día -en lugar de los dos que hemos empleado nosotros- está reservado solo a superdotados físicos (o superchiflados). Sí bien hasta Valcarlos no es tan duro, el puerto es muy largo y carga las piernas. Luego, la bajada hasta Roncesvalles es agradable y se hace corta, y la visión de la Colegiata al llegar es la recompensa final. No se puede dejar de visitar, es una joya del gótico francés del S.XII-XIIIcon unas vidrieras impresionantes y en perfecto estado de conservación y/o restauración.

Hablando de restauración, la cocina navarra es exquisita. ¡ Menos mal que estamos caminando ! Porque comemos como siempre 😉
Al sellar nuestras credenciales de peregrinos en el albergue hemos visto -por fin- un auténtico ambiente de peregrinos. Una mezcla multietnica, de todas las edades y condición, de personas recorriendo el camino. Mañana sí que seremos muchos.

Curiosidad de día: nada más coronar el Alto de Ibañeta hay un centro de interpretación de aves migratorias donde, además de visitar gratuitamente una pequeña exposición, una guía encantadora nos ha dejado unos prismáticos a cada uno para que viéramos la migración de un grupo de abejeros (pájaros que comen abejas) e incluso una cigüeña negra que hemos tenido la fortuna de ver.